Emilio de Castbaleón

En el interior de Emilio de Castbaleón se ha hecho el silencio. Para sus sentidos solo existen el arco, la f echa y la diana situada al fondo del estadio. Contiene el aliento mientras apunta y cuando siente que el momento ha llegado, exhala. En ese mismo instante suelta la cuerda y libera la saeta. El proyectil surca veloz la distancia que separa al arquero de la diana y hace un blanco perfecto en el centro de esta. Recién entonces, Emilio regresa y vuelve a sentir la caricia de la brisa sobre su piel, oye los vítores del público que lo ovaciona de pie y en su rostro se dibuja una sonrisa ...


























































