La polémica sobre la invención del cálculo infinitesimal

Sinopsis del Libro

Este libro trata de uno de los instrumentos conceptuales y analíticos más básicos y más importantes inventados por los humanos: el cálculo infinitesimal. Sin él, la historia de la ciencia -lo que en buena medida también quiere decir la historia de la humanidad- habría sido diferente. Sus inventores fueron dos gigantes de la ciencia: Isaac Newton (1642-1727) y Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716), este último también una figura prominente en la historia de la filosofía. Ahora bien, el recuerdo de sus respectivas contribuciones está indisolublemente acompañado por la polémica que mantuvieron, ellos y sus seguidores, por atribuirse el mérito de la prioridad de su descubrimiento. Una polémica agria donde la haya, que muestra algunos rasgos de lo peor de la condición humana. Para que los lectores puedan hacerse una idea tanto del carácter de los dos protagonistas de este momento inolvidable de la historia de la ciencia, como de sus respectivas contribuciones a la invención del cálculo infinitesimal, al igual que del “espíritu” de la época en que vivieron, este volumen reproduce, fenomenalmente introducidos y anotados por Antonio Durán, los principales documentos que recogen los puntos de vista de Newton y Leibniz: el llamado account , de Newton, y la denominada Charta volans, junto a la Historia y norigen del cálculo difrencial, de Leibniz.

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Biografía de Isaac Newton

Isaac Newton, nacido el 25 de diciembre de 1642 en Woolsthorpe, Inglaterra, fue un físico, matemático, astrónomo y filósofo inglés, considerado uno de los científicos más influyentes de todos los tiempos. Su obra sentó las bases de la física moderna y el cálculo, dos pilares fundamentales de la ciencia.

Newton nació en medio de la Revolución Científica, en un entorno donde las ideas tradicionales estaban siendo desafiadas y reemplazadas por métodos de observación y razonamiento. Su educación comenzó en la escuela de granja de su localidad, pero a los 12 años fue enviado a la King's School en Grantham, donde desarrolló un interés por la matemática y la mecánica. En 1661, ingresó a la Universidad de Cambridge, donde se graduó como Bachelor of Arts en 1665.

El avance de sus estudios se interrumpió por la peste bubónica, lo que obligó a la universidad a cerrar. Durante este periodo, Newton regresó a Woolsthorpe, donde comenzó a explorar sus ideas de forma más libre. Se dice que allí formuló algunas de sus teorías más famosas sobre la gravedad y el movimiento. En 1666, se le atribuye el apogeo de su pensamiento científico, cuando supuestamente observó una manzana caer de un árbol, lo que le llevó a formular su ley de la gravitación universal.

En 1667, regresó a Cambridge y fue nombrado miembro del Trinity College. En 1669, fue nombrado profesor de matemáticas de la universidad. Durante su tiempo en Cambridge, escribió su obra más famosa, Philosophiæ Naturalis Principia Mathematica, publicada en 1687. En este trabajo, Newton detalló sus tres leyes del movimiento, que describen la relación entre un objeto y las fuerzas que actúan sobre él. Estas leyes revolucionaron la forma en la que se entendía el movimiento en su época.

Además de su trabajo en mecánica, Newton hizo contribuciones significativas a la óptica. A través de experimentos con prismas, demostró que la luz blanca está compuesta por un espectro de colores, lo que desafió las teorías existentes sobre la luz y sentó las bases para el estudio de la óptica moderna. Su libro Opticks, publicado en 1704, es un estudio sobre la naturaleza de la luz y el color, y consolidó su reputación como uno de los líderes en este campo.

Newton también es conocido por su trabajo en matemáticas, particularmente en el desarrollo del cálculo, que simultáneamente fue descubierto por Gottfried Wilhelm Leibniz. Este nuevo campo de las matemáticas permitió a los científicos describir el cambio y el movimiento de manera precisa. A pesar de las controversias entre Newton y Leibniz sobre la paternidad del cálculo, ambos se reconocen hoy como sus fundadores.

A lo largo de su vida, Newton tuvo una carrera académica e institucional. En 1703, fue elegido presidente de la Royal Society, una de las más antiguas y prestigiosas sociedades científicas del mundo, y ocupó este cargo hasta su muerte. En 1705, fue nombrado caballero por la reina Ana de Gran Bretaña, un honor que reflejaba su influencia y contribuciones al conocimiento humano.

La vida de Newton no estuvo exenta de controversias. Su personalidad era conocida por ser reservada y en ocasiones, por ser intrínsecamente competitiva y conflictiva. Sus rivalidades con otros científicos, como Leibniz y Edmond Halley, ilustran una época en la que la ciencia se entrelazaba con la ambición personal.

Isaac Newton falleció el 31 de marzo de 1727 en Kensington, Inglaterra. Su legado es innegable y su impacto en la ciencia perdura hasta nuestros días. Sus teorías y descubrimientos han influido en generaciones de científicos, y sus principios siguen siendo fundamentales en la física y matemáticas modernas. Como figura emblemática de la ciencia, es recordado no solo por sus aportes, sino también por su profunda curiosidad y dedicación al conocimiento.

En resumen, el trabajo de Newton no solo transformó la comprensión del mundo físico, sino que también estableció un nuevo paradigma para el método científico. A través de su vida y obra, nos dejó un legado duradero que continúa inspirando a científicos y pensadores en todo el mundo.

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