Ese miedo abismal a estar solos y pensar, sobre todo miedo a pensar. En los sueños frustrados, en lo que se convirtieron, en lo predecible que es su vida. En que el tiempo no va a volver jamás, ni las oportunidades, ni la vitalidad. El tren de la vida pasa solo una vez, o te subes o te consigues un trabajo de jornada completa. Tú eliges. Pero mejor no pensar en eso. Ni en nada. Gracias a Dios el sistema nos dio demasiadas herramientas para suspender el pensamiento, para mover los pulgares y no el cerebro. Días sin camino es una novela urbana escrita a lo largo de Latinoamérica en...