El autor se adentra en el ámbito de lo visible y lo legible, defendiendo que no debemos considerar las imágenes sólo como objetos inertes que transmiten significado, sino como entes animados con deseos, necesidades, anhelos, exigencias e instintos propios. Remitiendo a numerosos ejemplos que atraviesan las distintas artes visuales, la literatura y los medios de comunicación, Mitchell analiza tanto iconos bizantinos como películas ciberpunk, estereotipos raciales y monumentos públicos, ídolos antiguos y clones modernos, imágenes ofensivas y pinturas aborígenes.