Cansada de la sociedad en la que vive, Aurora abandona su casa en busca de aventuras. El inicio de todo recorrido siempre coincide con el fin, pero la belleza está en el camino, sendero por el cual Aurora conocerá lugares sugestivos, tales como Perelentia, ciudad donde todo transcurre con lentitud; la playa de Torimbia, habitada por seres muy especiales; y, finalmente, la isla Rosalinda, emplazamiento que, como si de un cuadro impresionista se tratara, carece del detalle, el cual no se pone ni en los habitantes ni en los parajes que lo conforman. En ella vivirá momentos intensos que,...